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daniloalberovergara 4/17/2024 6:12:28 AM
daniloalberovergara
Albert Camus y Tiziano
Danilo Albero Vergara Escritor argentino
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Reviso el cuaderno de viaje y veo, a raíz de la visita al Museo del Prado y el reencuentro con un cuadro de Tiziano, que me adeudaba la relectura de El mito de Sísifo. Deuda saldada.

Sísifo, hijo de Eolo (Sísifo Eólida), se nos aparece por primera vez en el Canto VI de La Ilíada: “…en el riñón de la Argolia, criadora de caballos, vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres…”, poetas posteriores le agregan más folios a su mitológico -y policíaco- prontuario y lo hacen también bandido. Camus no ve contradicciones entre las diferentes versiones pos homéricas, coincido -hay astucia, dobles intenciones y amoralidad entre bandidos, presidentes, ladrones y banqueros, periodistas, carniceros, médicos, o chongos, simplemente varían los puntos de vista.

Por comentarios de distintos autores que cuentan su paso por este valle de lágrimas antes de su descenso al Hades, sabemos que Sísifo vivó en Corinto y era vecino a Autólico, éste, abigeo obseso, amigo de vacas ajenas, e hijo de Mercurio, por lo tanto -como Juan Carlos I, rey emérito de España-, tenía fueros y coartadas que lo protegían de las leyes de los hombres.

Glosando avant la lettre al Chavo del Ocho, Sísifo se dijo: “Autólico no cuenta con mi astucia”, y grabó en la pezuña de sus reses: “Robado por Autólico”, al día siguiente de otro choreo, con un grupo de notables como testigos, siguió las huellas de los cascos hasta los establos de Autólico. Mientras éste, amparado en sus fueros olímpicos, se defendía y enredaba en coartadas, Sísifo hizo un mutis por el foro y, en un aquí te pillo y aquí te mato -o quickie-, sedujo a la hija de Autólico, Anticlea, quien, poco después, se casó con Laertes, por eso Odiseo es llamado Odiseo Laertíada (hijo de Laertes). Según algunos autores a esta boda Anticlea ya venía con el bombo lleno; de allí que Odiseo sería, en puridad, Odiseo Sisífida. Qualis pater, talis filius (tal el padre, tal el hijo), me inclino por la paternidad de Sísifo. Difícil encontrar en toda la mitología griega personaje más artero, tramposo y mentiroso que Ulises.

Posteriormente, Sísifo vio cómo Zeus raptó a Egina, hija de Asopo, dios de los ríos, y le propuso al desconsolado padre que, si le garantizaba la provisión permanente de agua para Corinto, le indicaría dónde se escondía Zeus con Egina, de resultas de lo cual el seductor sólo pudo escapar de la ira del padre metamorfoseado en roca.

Cuando la muerte lo rondaba, y en virtud de sus antecedentes, Sísifo tuvo el privilegio de ser visitado por Hades, rey del mundo de los muertos, que fue a buscarlo. Sísifo se ingenió para encadenarlo; en consecuencia, hubo un breve período de inmortalidad entre los humanos hasta que Marte, el dios de la guerra, logró liberarlo, pero solo con la condición impuesta por Sísifo de que lo dejara continuar en el mundo de los vivos. Todo lo bueno se acaba y, viendo de nuevo su muerte próxima, le indicó a su esposa que no lo enterrara y así, cuando llega al inframundo, alega que no puede entrar puesto que no ha sido sepultado, consigue tres días de gracia para volver a ver la luz del sol y obligar a su esposa a que lo entierre; no cumplió su promesa. Esta vez fue Hermes a buscarlo, no hubo apelación posible y Sísifo llegó al mundo de los muertos donde lo esperaba una condena especial.

Dentro de los tres castigos VIP que padecieron los mortales en el Hades y ordenados por Zeus están: el de Ixión, atado a una rueda flamígera que giraba en el aire sin cesar, por intentar seducir a Hera, esposa de Zeus; el de Tántalo, condenado a pasar hambre y sed, pese a tener a su alcance bebidas y manjares, por robar el néctar y la ambrosía, alimentos de los dioses, para entregarlos a los hombres.

En cuanto a los móviles, el más humano de los tres castigados por sus delitos, es el de Sísifo. La razón de su tormento fue amar la vida y huir de la muerte, no aceptar designios, caprichos y arbitrariedades de los dioses, razón de su denuncia y fuga apresurada de Zeus, metamorfoseado en roca para ocultarse de Asopo. Por este motivo es condenado a cargar una enorme peña ladera arriba y, cuando la deposite en la cima, esta volverá a rodar hasta el valle.

Sísifo ha pasado a ser el símbolo metonímico de la condición humana, de ser consciente de la inutilidad de los intentos para escapar a fortunas aciagas; su esfuerzo por alcanzar la cima es real pero la meta, inalcanzable. A diferencia de Edipo, que obedece al destino sin saberlo y su tragedia comienza cuando se entera y solo le queda la resignación, Sísifo es consciente de su destino de mortal, se rebela y quiere huir de él. Por eso verá toda la eternidad como, en unos instantes, la roca que ha cargado sobre sus hombros, volverá a rodar hacia el pie de la colina, donde deberá buscarla en su vano propósito para depositarla en la cumbre.

En esta condición, de que no hay castigo más terrible que un trabajo inútil y sin esperanzas, se basa Camus para escribir su ensayo El mito de Sísifo, para concluir que los mitos están hechos para que la imaginación los anime porque, en última instancia, el castigo del Eólida es comparable a la situación de muchos desheredados de la tierra que trabajan todos los días, en las mismas tareas y sin esperanzas, para volver a retomar su ascenso cada mañana, en el mismo lugar donde se encontrarán al finalizar la jornada. Albert Camus describe a Sísifo con el rostro crispado, la roca sobre sus hombros, sudoroso, descalzo, y cubierto de barro, próximo a dar el último y vano paso para lograr su objetivo.

Así lo representa Tiziano en su óleo en el Museo del Prado, cabeza doblegada por el esfuerzo, rostro sudoroso y cubierto de barro, pie izquierdo adelantado, con un minúsculo taparrabos y a punto de alcanzar la cumbre de la colina.

 





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