Literatura en tiempos de revolución femenina 4/24/2019
Ana Abregú escritora argentina
Literatura, relatos, crítica literaria, novelas, literatura latinoamericana

La literatura siempre ha acompañado los cambios sociales, pero pocas veces ha alterado clásicos literarios, salvo por situaciones de actualización lingüística, como ocurre con El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Macha, que no sólo se han realizado intentos que se llaman traducciones o copias comentadas, para que los lectores modernos concilien definiciones, muchas palabras pierden vigencia y el uso se queda en, incluso, en los diccionarios antiguos.

Sin embargo en tiempos de la mujer, el actual, las concesiones a todo lo que se considere degradación del género no tiene filtro, la literatura infantil está sufriendo uno de esos ataques, trata de “Caperucita Roja”, en donde se está prohibiendo en escuelas de Barcelona y retirándolos de sus bibliotecas, acusada de sexista.

Si bien las polémicas sobre lo que provocan ciertos libros, los que son formativos siempre están sujetos a la censura y al rechazo.

La tendencia a analizar los textos desde la perspectiva del género está dejando de lado relatos tradicionales, cuyo efecto, parece asignársele a situaciones de la actualidad poco claras.

Si la generación feminista de la actualidad es un efecto de esos relatos que hoy se consideran sexistas, ¿no es una contradicción?

Cuentos como La Bella durmiente, quizás desaparezcan, la motivación sexista, sobre relatos de niñas, por lo menos me parece tendenciosa, con ese criterio debería analizar textos masculinos que usan el sometimiento de mujeres para escalar en el poder.

No hace mucho comenté sobre una situación de un relato antisemita, sobre su calidad artística versus interpretación de contenidos.

¿Debe entenderse que toda literatura es formativa y a su vez tendenciosa en un punto negativo según un momento social?

La verdad que el punto me genera conflicto, ya que yo misma crecí con los relatos, más bien crueles de los hermanos Grimm y sin embargo no metería niños en el horno para comerlos.

Pienso que lo que me molesta de esto, es la palabra “censura”, pero por otra parte, alguien podría indicar que entonces por qué se prohíbe el texto Mi lucha, con el mismo sentido, ¿una cuestión de volumen de daño?

Una cosa es una propuesta de genocidio disfrazado de otra cosa, otra un texto formativo a edad sensible.

Soy una mujer independiente que creció en la época en que La Caperucita Roja estaba en todos los hogares, pero también los mitos griegos y romanos, que a la misma edad, hablaban de héroes y trabajos difíciles, de mujeres que convertían hombres en piedra; o compañías que hablaban de relatos bíblicos donde a una mujer la convierten en sal, o inundan el planeta entero y eligen a una sóla familia digna de sobrevivir. No sé, no me convence que sólo con estas historias se deforme la visión de la vida, lo que es correcto y lo que no, y qué cosas forman a una mujer independiente que no se deja abusar.

No sé cuál es la idea, pero sí sé que la censura nunca llevó a nada bueno.

Me parece que hay un equilibrio entre la interpretación de La Caperucita como una dulce niña que corre riesgos por amor a su abuelita y la moraleja de tener cuidado que el amor no te haga tomar malas decisiones, en contraposición con la desobediencia, que parece ser el principal mensaje de ese texto.

Si en vez de una niña, hubiera sido un varón, ¿estaríamos siendo cuestionando el texto? Si la respuesta es sí, el ejemplo que más rápido se me ocurre, es que hay que eliminar entonces la historia de Páris raptando a Helena, entre tantos otros textos. Y el desguace de las bibliotecas se volvería infinito.

 





Ana Abregú.

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