Fábulas en literatura 4/22/2019
Ana Abregú escritora argentina
Literatura, relatos, crítica literaria, novelas, literatura latinoamericana

Dicen que la tecnología a provisto a la literatura de una sobreabundancia de seres extraordinarios, vacilando entre la ciencia ficción y la fantasía, como si nuevos géneros estuvieran arribando al canon literario.

Algunos analistas proponen que el uso de personajes irreales, siempre ha sido un asunto de edades, desde que en la literatura infantil, las fábulas de animales que hablan, o actúan con un propósito de enseñanza, que en la actualidad no se puede llamar moralista, hasta los superhéroes, lo único que parece haber ocurrido es que hay una explosión de “escritores”, devienen de la facilidad del uso de las redes sociales, blogs y videos.

Lo que más bien parece ocurrir es que en todos los órdenes la explosión de material de texto es más fácil de circular y escribir parece más fácil, sobre todo con el apoyo de los medios de difusión, lo que habla más bien, de la necesidad que hay para exhibir lo que se tiene para decir, usando la escritura.

Las teorías van por detrás de los sucesos y la escritura, de la mano de las nuevas tecnologías se hace más veloz, también proponen menor atención, pero en cualquier caso no parece que las fábulas, el género maravilloso no sea otra cosa que cambio de ropaje.

Como elementos narrativos, los matices, la elisión, la referencia a textos ya establecidos son métodos que se replican en texto desde otros géneros, no son potestad de textos que usan la fábula como elemento temático.

Ya desde los mitos, tanto los Griegos como los Romanos, entre sí, presentan la misma “inspiración”, lo cierto es que los textos antiguos siguen siendo la fuente primigenia que alimenta la literatura de fábula, que ahora dispone de medios modernos para propagarse.

Una característica de estas nuevas formas de relatos, comparten, además un rasgo que deviene de la obra, considerada cumbre de la modernidad en lenguaje Español: El Quijote de la mancha, el ingenioso hidalgo, que lo que hacía era leer novelas de caballería y a raíz de ello, invierte su realidad y mete la ficción en ella.

Los personajes modernos, sobre todo los de las peripecias por mundos más o menos hostiles, ya fuera del espacio como del inframundo, encuentran una entrada a través de textos, mapas, lecturas casuales, en cualquier caso, son lectores, la literatura inspira sus peripecias.

Uno de los libros paradigmáticos en este modelo es el del niño que lee un cuento en el que tarda en darse cuenta que le habla a él, que él es el protagonista, La historia sin fin, interesante título que me hace pensar en un laberinto entre realidad y textos, donde el niño entra al texto, desde la realidad, que lo lleva por una ficción, que a su vez convierte en realidad lo que está leyendo.

Los textos con estas características estimulan la imaginación del niño, quizás futuro escritor que luego encontrará un camino abonada para desatar fáculas y fantasías en un medio que le permite desarrollar instantáneamente ese potencial caudal que produzca la mezcla de relatos.

A pesar del advenimiento de los Zombies, que son de preferencia de los jóvenes lecturas de este presente tecnificado, la literatura de fábulas es la real ganadora, no se sabe si es moda, pero en todo caso, la generación de programas, series, textos, con estos personajes, es un aporte al gran caudal que ya tiene la literatura de fábulas, y como todas las formas del género, seguramente no será el último.

 

 





Ana Abregú.

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