El diálogo como recurso literario
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Literatura, escritora argentina, crítica literaria

Este importante elemento discursivo, es a veces, sobre valuado o a la inversa, descuidado.

Hay buenas ideas, buenos textos, que naufragan en el uso de este recurso, aunque lo demasiado formal en la construcción del texto a veces boicotea el efecto del texto, mucho más afecta un diálogo mal construido.

No es solo a escritores nóveles que les resulta una herramienta fallida, el uso del diálogo es tentador, pero mejor conocer bien su formato, el efecto, la causa y lo más que podamos que justifique su uso.

El diálogo de representa de dos maneras como diálogo directo, comienza con una raya, y permite acotaciones internas, que implican una simultaneidad con el discurso; y el indirecto, una voz cuenta sobre lo dicho por otro.

La definición de cada uno es bastante simple, sin embargo es la aplicación de una u otra forma es lo que provoca ambigüedades.

También hay detalles en la forma escrita de expresarlos.

El Guión bajo, al comienzo de la frase, suele confundirse con el guión del medio, no son lo mismo, el guión del medio tiene otra función, usualmente sirve para una aclaración respecto a lo que se está hablando. La contrapartida del guión del medio es el paréntesis, que también tiene su definición.

En referencia al guión del diálogo, por razones de limitaciones del Word, es un carácter que se consigue presionando la tecla Alt y sin soltarla, digitar 0151. Cuidado, no es lo mismo 151, hay que anteponer el 0.

—   Este es el símbolo de diálogo.

 

La norma de uso es sencilla. Si el discurso de va a interrumpir, se cierra el diálogo, se vuelve a abrir si la voz continúa. Si el diálogo de la voz finaliza, es punto y aparte.

Si la misma voz va a continuar, luego del punto y aparte no se vuelve a colocar guión. Si se colocara un guión, implica que el hablante ha cambiado. Es la voz de otro personaje.

No se debe comenzar un diálogo con un comentario, la línea de diálogo es el primer carácter de una línea. No se puede terminar un diálogo con la raya de cierre, se termina con un punto.

Hay una serie de especificaciones en el uso, que tienen que ver con los detalles de escritura, son aspectos formales que cualquier manual de ortografía esclarece, sin embargo, el más importante es la función del diálogo.

El diálogo es para que hable el personaje, el asunto es en qué caso decidir un tipo de diálogo, directo, indirecto o directamente sin diálogo y es en ese momento en que el proyecto de escritura adquiere dimensión literaria, entre otros.

Principalmente, hay un punto concreto, una cosa es pasar la voz narradora a lo que un personaje dice, otra es que esa voz narradora lo reponga o haga referencia a ello.

En el caso del diálogo, hay varias situaciones a tener presente, en principio, es que lo que sea dicho, es para ser escuchado por otros personajes en un tiempo y espacio. Esa es su principal utilidad, que lo que sea dicho, deba salir de la boca del personaje y ser escuchado como se lo emitió y en el momento emitido.

Es probable que sea una imposición de la trama, que lo que sea dicho, necesite ser dicho de ese modo.

Por lo tanto, lo dicho, no deberías ser banal o sin importancia. Por ejemplo, es útil para definir características peculiares del personaje, si la trama no lo necesitara, hay que rever el uso del diálogo, sobre todo porque cuando en el narrador está el peso de lo dicho, uno de los componentes que se puede obviar es el registro del habla, las peculiaridades, o acentuarlas relatando esas peculiaridades, haciéndolas más evidentes, incluso contribuir al clima y a la dilación, es decir, a no decir todo si no lo suficiente cada vez; en ocasiones cuando hay diálogo indirecto queda la incógnita de por qué el personaje no dice tal o cual cosa, queda como un faltante en donde se nota el recurso de dilación, en cambio el narrador puede permitirse distraerse del discurso, ya que, según su característica puede reaccionar por otros caminos diferentes al del personaje.

También hay que tener en cuenta que cuando se abre un diálogo directo, se detiene el resto de la trama del relato, de manera que es mejor que lo que se diga cubra en varios sentidos la expectativa en aspectos como fluidez, importancia del momento y del contenido del diálogo, así como las personas presentes.

Durante el diálogo hay un entorno, que no sólo son personas presentes, sino la concurrencia del resto de las sensaciones y pensamientos, olores, ruidos de fondo, miradas, tacto, combinar esos elementos mientras el diálogo transcurre es un arte que hay que desarrollar, sin caer en la redundancia de información, contribuir al clima y a la trama.

Principalmente el diálogo directo aporta a la construcción de un habla peculiar y de particularidades del personaje, y con ello, contribuir a la fluidez, puede hacer que la trama vaya más rápida o más lenta, hay que pensar en lo mejor como estrategia para contar la historia.

Para utilizar el diálogo directo hay que tener en cuenta no cometer errores usuales; casi todos los principiantes tienen un “voz” de diálogo que tiene que ver con lo que ve en TV o en teatro, ambas pueden provocar algunas intromisiones desaconsejadas cuando de una novela trata.

Por ejemplo, en el cine o teatro, el espectador ve los participantes de la escena, en la novela no, por lo tanto hay que relatar el entorno. Los diálogos deben alternarse con un relato del entorno.

Otro aspecto de la voz del diálogo directo es el rasgo de época, de edad, de sexo, en una novela debe adecuarse y dejarse explícito, en los medios visuales no es necesario, ya que se están viendo todos esos detalles.

La oralidad que es lo que representa el diálogo no es necesariamente culta, si el personaje no lo requiere, es más bien natural, parte de la verosimilitud es que el habla refleje lo más cerca posible al personaje, ofreciendo suficiente información y sobre todo cuidar que sea el modo elegido para responder siempre por su forma y por la importancia de lo que dice.

Hay que tener cuidado con tópicos de películas extranjeras. Una de esas es nombrar al personaje con el que se está, repetidas veces, nadie habla con otro y lo nombra, ya se sabe con quién está.

El narrador que interviene, debe dar suficientes pistas para que si se debe entender quiénes hablan, ese conocimiento no venga de nombrarse entre sí, suena falso y es uno de los defectos de impostación de diálogo más destructivos de la naturalidad que deben sostener los diálogos.

No tenerle miedo a los formados conocidos, el dicendi, la fórmula “dijo”, “le dije”, “explicó”, “soltó”, etc.; evitar fórmulas que rompen el clima, sobre todo palabras extranjeras o rebuscadas, “espetó”, “largó”.

Evitar las redundancias aporta a la fluidez, si se va a usar el verbo dicendi, como “preguntó”, evitar los signos, o si se usa los signos de pregunta, evitar el dicendi.

Prestar atención a los climas, los diálogos deberían responder a situaciones de clima planteados, no puede seguir igual cuando la situación amerita extremos en la expresión oral.

No olvidar el entorno, hace parte del clima y de introducción de otros personajes en lo que se informa en el diálogo, una forma de hacerlo útil es utilizar la idea del diálogo grupal para que se conozca algún aspecto que sea utilizado en otra ocasión.

En otras palabras, si se decide por el uso del diálogo directo, procure que haya alguna función textual necesaria para ello, si no, es mejor recurrir a la narración, que ofrecerá una riqueza y expansión que no dependerá de aspectos como el registro del habla.

Aunque parece fácil, la decisión de usar diálogo no es tan sencilla, hay que asegurarse que todo lo necesario que deba decir o saber los personajes esté compaginado correctamente en los momentos adecuados y con el registro del habla correcto.

 

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Ana Abregú.

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